¡Qué fuerte¡ Ayer Samu, mi marido, me mandó una invitación para participar en el facebook. Y yo como todo lo cotilleo y a todo me engancho acepté. Resulta que he encontrado allí a personas que fueron compañeras mías de la facultad y del instituto. Aquellos maravillosos años…. Días inolvidables en los que compartía las reflexiones filosóficas con mi querido Romualdo (por todos conocidos como Gargamel, tenía toa la cara); con Juana y sus famosas preocupaciones por qué poner de almorzar, los gemelos de Valme, la de Matemáticas; las frases de El profesor bacterio ( “las células se autosuicidan”), el flequillo de Manuel Mula o la inocencia de El Toro, que era capaz de creerse que las chicas tenían la regla todas las semanas y no podíamos por ello dar la clase de gimnasia.
Pero hay más: ¿quién puede olvidar los fantásticos, humeantes y aplastaditos bocatas de tortilla de Blanca, la de la cafetería; o los chorizos de Gerónimo, o la folloneta de Cózar: aquélla que utilizaba cuando se iba a los Caños con la Carmela. El barro en la ranchera de Curro, las pestañas postizas de metro y medio de largo de la de lengua (a esa sí que le pesaban los párpados). En fín, qué años aquéllos¡¡¡ Me he puesto hasta nostálgica. Desde aquí hago un llamamiento a todos aquéllos que compartieron mi quinta en el V Centenario, para recordar tantos y tantos momentos.
Bueno, en resumen, que lo del facebook mola. Animaros
Flipádlo: resulta que este mediodía he entrado, como de costumbre, en el blog de mi marido. Ha publicado un tierno post en el que recuerda aquéllos juegos que marcaron nuestra infancia (o más bien, la suya. Yo por aquél entonces era una persona norma). A lo largo del post recuerda algunos juegos buenísimos y, hablando y hablando, resulta que me ha contado que están haciendo unos alemanes el Broken Sword 2.5. ¿Porque supongo que todos recordáis la segunda entrega de ese juego y a la cabra? (la cabra, la cabra, la pu… de la cabra, la madre que la parió).