
Bueno, pues le llega el turno a María, mi gran amiga María, mi media naranaja. La verdad es que solo pensar en todo lo que os podría decir para explicaros lo que significa esta persona en mi vida, y me echo a llorar. Pero bueno, lo intentaré.
María o Marikilla, como cariñosamente la llamamos algunos, es mi gran amiga. Hemos compartido unos 15 años juntas, llenos de experiencias y momentos inolvidables que aún al recordarlos me hacen llorar de la risa. Momentos como la que montamos en el Barrio Santa Cruz con ese par de gitanos (Dios, lo que me pude reir¡¡¡¡) que nos llevaron a participar en el videoclip de DJ Kun. Salidas de marcha agotadoras, botellonas inolvidables en la rotonda, nuestro paso por el intituto, nuestro momento Pohacontas en el campo de David, las charlas interminables en los banquitos de Nueva Heliópolis, los primeros tonteos con los niños…. bueno y los segundos….y los de más allá,jajajajajaajajaja. La tristeza de su marcha durante algunos años a Barcelona, nuestro reencuentro y, como no, la única borrachera de mi vida, en la que acabé potándole a su padre en los pies, mientras ella me daba de ostias en la cara para que no me quedara dormida; los cigarritos en Torrepalma a escondidas; la uña postiza que le salió ardiendo encendiendo uno de ellos….En fin, y tantos y tantos otros….
Es una persona única. Así os puedo resumir a María. Siempre bastante más madura de lo que, tal vez, debiera en algunos momentos; valiente, osada, cariñosa, leal y cachonda, sí, muuuuuyyy cachonda. Es de esas personas que de cualquier cosa te saca un chiste, por lo que cada vez que estés con ella acabas revolcada en el suelo de la risa, aunque se esté riendo de ella misma (cosa que, por cierto, hace bastante amenudo). De esas personas que nunca pasan por tu vida sin más, de las que dejan huella. Una huella muy profunda. Lo mismo te hace un karaoke en cualquier momento que se parte con chistes tan absurdos como el del plátano (Señor, tiene usted un plátano en las orejas. ¿Cómo?. Que tiene usted un plátano en las orejas. ¿Qué?, ains, espera hijo que con el plátano no me entero.)
En los últimos años, debido a nuestros horarios de trabajo y eso, no nos vemos tan asiduamente como nos gustaría. Ni siquera hablamos mucho por teléfono. Sin embargo, sé que siempre está ahí: para lo que necesite, para lo que surja. De esos amigos que sabes que no puedes perder porque sin ellos una parte de ti se queda vacía.
Hay muchas cosas que admiro de ella, muchas. Pero lo que más admiro es su capacidad de reponerse a todo. Doy fe de que ha tenido que pasar muchos momentos muy duros, más de lo que tal vez debería con la edad que tiene. Sin embargo, no se ha rendido jamás. Siempre buscando otros caminos y siempre aprendiendo de lo vivido. Como ya os he dicho, única.
Algo malo, su carácter. Nos parecemos en muchas cosas, en la que más, en el carácter. Digamos que, como una servidora, es poco diplomática y de arranques muuy chungos. Nunca le preguntéis algos pensando que sabéis qué os va a contestar, porque os puede sorprender y, en muchas ocasiones, tal vez no os guste lo que os diga. Pero ella es así, y así hay que quererla.
Para mi, María es una persona insustituible con la que he pasado muchos de los mejores momentos de mi vida. Capaz de renunciar a lo que sea si la necesitas a tu lado; capaz de darle unos rayitos de sol a tu día más triste y capaz de vender su alma al diablo si sabe que con eso te va a hacer feliz.
El momento que más me estremece cuando pienso en ella: el día de mi boda. Fue la primera persona que vi al bajar del coche, la primera persona en darme dos besos y tomarme de la mano, y el abrazo más bonito que jamás hayamos compartido.
Definitivamente, Te quiero.


